domingo, 30 de agosto de 2009

Ser o no ser independiente.

¿Qué de cierto hay en esa leyenda urbana que afirma que la mujer de hoy en día es independiente y autónoma? ¿Qué tan independiente quiere ser la mujer de hoy en día? Ó ¿De qué quiere ser independiente? Será acaso que las mujeres de hoy tenemos menos sensibilidad o emotividad que hace 20 ó 30 años. ¿Por qué anhelamos esa tan ansiada independencia cuando por naturaleza somos dependientes?

La vida, Dios, nos creo con la capacidad de albergar vida, pero sin embargo para crearla de manera natural necesitamos de un complemento: El Hombre; por ende dejamos de ser autónomas en ese aspecto. ¿Por qué codiciamos ser grandes profesionales cuando por naturaleza declinamos (muchas veces) ante la tentativa de un futuro profesional promisorio para ejercer nuestras labores como madres abnegadas? Sentimos independencia cuando trabajamos, y queremos alcanzar el éxito a toda costa, sin embargo rechazamos inconsciente o tal vez muy conscientemente a un hombre que es económica o profesionalmente menos que nosotras. Deseamos salir de casa para conocer la vida y valernos por nuestros propios medios, y así sentirnos independientes, pero sin embargo cuando las cosas se ponen color hormiga lo primero que hacemos es ir corriendo a los brazos de nuestra tan añorada familia.

Gritamos al mundo entero que la mujer conseguía “LIBERTAD” al adquirir el derecho a voto, pero hoy en día ¿Quién vota con libertad? (somos presos de un acto obligatorio). Además, ¿Alguna vez fuimos presas de algo como para gritarle al mundo que ya somos libres? Si bien es cierto que el grupo de activistas femeninas de la época hizo cambiar a la sociedad en los últimos 40 años de manera radical, otorgándonos así varios beneficios y derechos, no significa que debamos seguir manteniendo una lucha incesante y a la vez innecesaria para demostrar que somos capaces de cualquier cosa. El mundo entero ya sabe que la mujer es capaz de cualquier cosa, al igual que el hombre lo es. Hoy en día para conseguir algo, ya no es cuestión de género, es cuestión de empeño ó “suerte”, entonces, si eso está claro, ¿Para qué seguir luchando en demostrar que podemos y queremos ser independientes?

Si para la mujer, tener “independencia” en el mundo actual es sinónimo de sacrificio, de renuncia, de dureza, de abnegación, de insatisfacción, de soledad, entonces no quiero ser independiente, quiero ser totalmente dependiente. Quiero depender de mi familia, la cual me apoya incansablemente, quiero depender de mis amigos, los cuales me aceptan tal cual soy, quiero depender de mis maestros, que sin ellos no aprendería nada, quiero depender de mi trabajo, el cual me permite llevar una vida holgada, quiero depender de mis compañeros, que sin ellos no sería un equipo, quiero depender de mi profesión, la cual me hace sentir realizada, quiero depender de un hombre íntegro, el cual complemente mis días en este mundo, quiero depender de mis hijos, por los cuales daría hasta la vida misma, quiero ser dependiente de todas aquellas personas que llenan mi vida, quiero ser dependiente de todas mis acciones que me permiten crecer como persona, quiero ser dependiente de mis sueños, los cuales me animan a continuar e ir lejos, quiero ser dependiente de mis emociones, las cuales me ayudan a ser honesta conmigo misma, quiero ser dependiente sin perder mi condición de mujer, y solo así podré sentirme libre para actuar de manera independiente.

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