Por lo general, a nosotras las personas ó seres humanos se nos da por profundizarnos en nuestros pensamientos más íntimos cuando atravesamos momentos de sosiego ó melancolía.
Yo en lo personal no discuto ni contradigo esta realidad. Sucede que estos últimos días me he visto con repentinos momentos de relax, los cuales me han permitido pensar mas y mas, demasiado diría yo, pensamientos, talvez innecesarios, pero lamentablemente muchos de ellos me recordaban mi situación sentimental actual, generándome una especie de tormento seudo involuntario, porque mencionando algo que considero es indiscutible, a nosotros, al ser humano ó personas, nos encanta tener momentos de desdicha profunda, sentir el mórbido sufrimiento por el motivo que sea, llenar nuestra cuota de pena del alma, para luego sentirnos mejor, y talvez inmediatamente después, lanzar una tímida sonrisa al viento.
Hace unos días conversando con un buen amigo, del cual no disfrutaba hacía mucho tiempo su compañía, comentábamos exactamente sobre este tema. El me contaba que hace un par de meses atrás terminó una relación “perfecta” de 3 años. ¿Como uno puede terminar una relación “perfecta”? y más aun, si es que asegura que ella es la mujer con la cual quiere y desea pasar el resto de su vida… ¡¡¡increíble!!! Y como que mucha lógica no tenía para mi. Pero sucede que este amigo, empezó a muy temprana edad un compromiso matrimonial, porque las metidas de patas suceden, y suceden muy a menudo, y a pesar de que él se caso muy enamorado y seguro de lo que hacia, su matrimonio termino de manera digamos trágica, entre terribles idas y vueltas, después de un largo y tormentoso proceso de divorció a los 7 años de relación. Pero no habiéndole bastado aquella experiencia decidió embarcarse en una segunda, involucrándose con la supuesta mujer de su vida, con la cual termino hace poco, solo porque él no estaba listo ni preparado a dar el siguiente gran paso: ”matrimonio”, el cual ella esperaba que lo dieran pronto. Además, él aseguraba con mucho entusiasmo que nunca había sentido tan de cerca su libertad y soltería, y que la estaba disfrutando “demasiado”, pero que de todas maneras a futuro le gustaría volver con el supuesto amor de su vida. Yo lo escuchaba muy atentamente, sin poder encajar todas sus palabras en una misma historia y que fuese coherente.
Si bien es cierto que para nosotras las del género femenino, consideramos a casi todos (por no decir todos) los del género opuesto como algo mal fabricado, siempre presentan desperfectos de fábrica, sin lugar a cambio o devolución. Sin embargo en ese momento en particular, yo no solo considere que definitivamente había algo de malo en la producción de mi amigo, si no que, necesariamente en el transporte se debió haber dañado su cerebro de manera considerable, porque caso contrario no había forma que el hubiera echo lo que hizo y esperara recompensa por aquello.
Inmediatamente y sin dudarlo yo le solté mi larga lista de pensamientos varios sobre su actitud hacia ésta pobre “amor de su vida”. Con risas recepcionó todos mis puntos de vista y de manera muy versátil refuto cada uno de ellos. Que increíble. En ese momento reafirme una vez más, el porque yo decidí hace mucho tiempo permanecer soltera de manera indefinida, solo con derecho a diversión, sin mayor compromiso que mi libertad y mis ganas de vivir tranquila y sin tormentos.
Pero, así es, siempre hay un “pero”. Como dije al principio de esta introspección, a nosotras las personas ó seres humanos se nos da por profundizarnos en nuestros pensamientos más íntimos cuando atravesamos momentos de sosiego ó melancolía. Y sucede que hoy en particular, sentí como poco a poco acrecentaba en mi interior un sentimiento de nostalgia y melancolía, por algo ó alguien que no tenía, que no disfrutaba, ni gozaba. Entonces, recordé inmediatamente todas las contrariedades que trae el compromiso formal, y lo incomodo que es tener que acomodarte al otro solo para complacerlo, ya sea por amor o no, una se ve obligada a cambiar y a ceder. Sin embargo, por más que quisiera convencerme a mi misma de lo malo y tonto que era verse nuevamente involucrada en una relación de este tipo, mis deseos no podían seguir ocultándose, yo quería una relación tal cual viniera, tal cual se presentara. Yo quería sentir nuevamente dejar de ser una y convertirme ineludiblemente en dos. Felizmente pronto esa tonta idea fue disipándose lentamente de mi cabeza y de mi corazón, y volví a sentir la sensatez y paz que ofrece la libertad individual.
Hombres y mujeres, ambos por separado siempre serán un código sin descifrar, el verbo inevitable de la vida diaria, una “x” y una “y”, un sol y una luna. Pero que juntos son: la ecuación imperfecta, tratando de probar a toda costa incansables posibilidades para encajar como sea y convertirse en un “match”. Un match tal cual al botón de una camisa ajustada que en un dado momento no da mas, revienta, y sale disparado lo mas lejos que pueda de la zona de batalla, para ser recogido por otro y talvez con suerte terminar remendado en otra camisa armonizando quien sabe hasta cuando.
Sin embargo no importa cuanta sea la lucha, cuantas sean las batallas perdidas, los intentos frustrados, las ganas de no querer mas, o el deseo de volver al ruedo, las ansias de salir corriendo y no volver mas, el temor al fracaso, ó que si el corazón se remenda rápido, que si dura o no dura la relación, que si se pierde el tiempo ó no, que si el que no arriesga no gana, que si la vida es corta, y un sin fin mas de pensamientos cruzados, pero sea cual sea la situación ó las ideas, nosotros los seres humanos siempre buscamos y queremos incansablemente, ya sea conciente o inconcientemente, nuestro gran “Match”.
sábado, 22 de noviembre de 2008
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